Cualquiera persona, cualquier ser humano normal, se haría en los pantalones al ver a un enorme lobo negro gruñendo hacia él. Sus grandes colmillos, su feroz mirada, todo en él gritaba peligro. Su pelaje brillaba, lo que me hacía recordar a todas las veces que pasé mi mano por el apenas comenzó a transformarse por voluntad propia. Sabía que era suave y felpudo, perfecto para dar calor y confort.
Aunque también tenía grandes y peligrosos colmillos, perfectos para acabar con sus enemigos en segund