—No sé de qué hablas —evadió mi mirada.
La estampé contra la pared, sin importarme mi rudeza. Era una mujer lobo, no estaba haciéndole daño, sólo era una advertencia de que hablaba en serio. Muy en serio.
Mis garras crecieron un poco, mi lobo intentó tomar el control de mi cuerpo. Era hora de utilizar el tono alfa, aquel con el que conseguía la obediencia de cualquiera de mi manada.
—¿Dónde está Eleanna? —pronuncié lentamente. Ella me miró con lágrimas en sus ojos, segundos antes de que me conta