42° Paz y malestar.
Lia no quería soltarse de Oliver, en el hospital le habían dado de alta y se calificó su ataque como una arritmia por coagulo, pero todos los presentes sabían qué había sido exactamente.
El empresario tenía el rostro cansado, como si hubiera corrido una tremenda maratón y Lia no se quedaba atrás, todas las emociones de la noche la tenían con las rodillas temblorosas.
— No puedo creer aún que nos hubiera atacado un fantasma — dijo cuando estaban en el auto de Sam.
— Pues, yo no puedo creer que t