El banquete fue un caos feliz de brindis, discursos y risas. El Príncipe Esteban, fiel a su palabra, había asistido y, para sorpresa de todos, pronunció un discurso emotivo sobre el amor verdadero y la importancia de defenderlo. Nadie mencionó a Erick. Era como si nunca hubiera existido.
Cuando llegó el momento del baile nupcial, Harry me condujo a la pista. La orquesta comenzó a tocar un vals lento y melodioso. Nos miramos, y sin mediar palabra, comenzamos a girar.
—¿Feliz? —preguntó él, en vo