Había pasado ya un mes desde la boda. En esas semanas no hicimos mucho, o quizás demasiado: apenas salíamos de la habitación. Mi vida con Harry parecía un cuento de hadas. Por las mañanas amanecía con el sonoro rumor de sus ronquidos. Sí, mi coronel roncaba como si fuera un dragón, pero aún así lo amaba. Desayunábamos en el jardín disfrutando de la vista, luego Harry se dirigía al despacho donde trabajaba casi toda la mañana. Por la tarde, después del almuerzo, pasábamos tiempo juntos. Unos día