Pasaron cinco días desde la visita de Charlotte y la Duquesa. Tres días en los que intenté disimular, en los que sonreía cuando Harry me miraba y desviaba la conversación cuando él mencionaba mi falta de apetito. Pero mi cuerpo comenzaba a delatarme.
Amanecía con náuseas, los olores me revolvían el estómago y el cansancio era cada vez más profundo.
—Señora, usted no está bien —insistió Elena que hacía unos días había llegado a mi nuevo hogar —. Debería llamar al médico.
Esta vez no pude negar