CAPÍTULO #3

Cristal observaba el paisaje frente a ella, contemplando cómo la brisa sacudía suavemente las cortinas de la ventana. Inclinó su rostro, apoyó el codo sobre la pequeña mesa y descansó la barbilla en la mano. Su semblante decaído era notorio. Sus fuertes suspiros terminaron por captar la atención de su acompañante.

Sus ojos comenzaron a cristalizarse y sus labios se curvaron en una silenciosa expresión de angustia. La tormenta que habitaba dentro de ella se desbordaba lentamente. Un par de lágrimas saladas se deslizaron por sus mejillas sin que pudiera detenerlas.

Cristal reflexionaba sobre la creciente distancia que sentía de parte de Rax. Era demasiado. Ya lo había notado antes, pero anoche creyó que él cedería… al final, no resultó como esperaba. Con esto confirmaba que Rax la estaba evitando.

Lynn, junto a ella con un grueso libro en las manos, hojeaba las páginas rápidamente. Pero al oír el débil sonido de sollozos, levantó la mirada. Al ver el rostro entristecido de Cristal, dejó el libro a un lado sin dudar. Sabía muy bien la razón de ese dolor.

En ese momento, Acua regresó con una bandeja de frutas, la colocó sobre la mesa y notó a su luna frotándose los ojos, secando sus lágrimas.

— Mi luna, no llore — dijo con suavidad, intentando consolarla. — Debe comprender que para el alfa Rax… no ha sido fácil —.

— Por su forma de actuar, es notable que todavía se siente culpable. Es normal que un macho actúe así — agregó Lynn, sin apartar la vista de Cristal.

Esperaba que sus palabras funcionaran como consuelo.

— Sé que debe sentirse mal, pero yo… he intentado hablarle — dijo Cristal frustrada. — Decirle que comprendo el por qué se descontroló… pero me continua evitando —.

— Mi luna… el alfa padeció mucho ese día — murmuró Acua con voz acongojada, como si reviviera el peso de aquel instante oscuro. — La desesperación se apoderó de toda la manada. Pero el alfa… él era irreconocible. Su alma dolía al saber que él mismo había sido el causante de sus heridas. Verla así, fue una condena que lo destrozó por dentro —.

Acua hizo una pausa, conteniendo la emoción.

— Los cachorros no fueron los únicos que lloraron por usted esa noche. Aullaban desconsolados, pero también lo hacía él… El alfa lloró como uno más de ellos, como un lobo herido que no encontraba consuelo. Cada noche, su lamento se unía al de la manada, cargado de culpa y tormento… —.

Los ojos de Cristal comenzaron a llenarse de lágrimas nuevamente al comprender lo difícil que había sido para él verla en ese estado. Si para ella ya había sido una tortura, un sufrimiento inimaginable, ¿cuánto más lo había sido para él, al saber que habia sido el causante de sus heridas?

Y, entendió una verdad que dolía: Rax todavía no había superado ese momento.

Comprendiendo mejor este nuevo mundo, estaba segura: correría hacia su pareja cuantas veces fueran necesarias para detenerlo, aun si eso la pusiera en peligro.

Cristal no se arrepentía. Ese pensamiento le recordó la razón por la que había ido hacia su pareja: la voz que le indicó que no debía permitir que matara a Tou. Y, además, la llevó a aquel sueño.

Al recordar a todos los que hubieran muerto, su alma se llenó de paz y tranquilidad. También esto trajo una pregunta a su mente. 

¿Quién era esa extraña voz que le hablaba? 

Había deseado contarle a alguien sobre ella, buscando respuestas que pudieran aclarar su origen… pero cada vez que intentaba pronunciar una sola palabra al respecto, algo se lo impedía.

— Yo solo quiero que olvidemos ese capítulo de nuestras vidas — expresó Cristal con voz suave, luego de pensar mucho. — Que volvamos a ser como antes de todo lo ocurrido… —

Sus últimas palabras hicieron suspirar a Lynn, y Cristal lo notó. Sabía que lo que acababa de decir había tenido un efecto en ella.

Desde que despertó aquel día, Cristal no había visto a Tou, se había enterado que él fue expulsado, y Lynn se había mantenido a su lado, vigilando su salud. Intuía que ella no deseaba volver con su pareja.

Y ella no era la única. Había alguien más en la manada que se negaban a hablar con su compañero.

— Deseo que olvidemos los malos recuerdos y los errores que cometimos en el pasado — dijo Cristal, tomando la mano de Acua con dulzura, quien se encontraba a su lado. — Te pido, por favor, que dejes de evitar a Roland. 3 meses es un castigo demasiado largo —.

— Mi luna, él no merece su misericordia — protestó Acua, frunciendo el ceño. — Roland nunca debió permitir que el alfa intentara rechazarla. ¡Debió persuadirlo y golpearlo como hizo Clair! —.

— Acua… —.

La llamó Cristal con voz suave.

— Si continúas enojada con él, es porque sigues estancada en ese día. Es igual que con Rax — mencionó, inclinando la cabeza para contener las lágrimas que amenazaban con salir, y continuó: — Yo sufro porque él me evita, Roland debe sentirse igual. No sabes cuántas veces él me ha pedido perdón. Incluso ha dicho que, si vuelven a tomar una mala decisión, lo golpeará hasta hacerlo entrar en razón —.

Acua observó a su luna. En el fondo, sabía que tenía razón. Habían pasado por situaciones que jamás antes se habían visto en esta manada según su conocimiento, y por ello se habían tomado malas decisiones. Aunque su pareja y el alfa llevaban siglos protegiendo a todos, eso no significaba que fueran infalibles… aún tenían mucho por aprender.

Sin duda, su luna era demasiado bondadosa. Acua se había propuesto no dirigirle la palabra a Roland durante 12 lunas completas (un año entero), convencida de que merecía aquel castigo. Sin embargo, al escuchar la súplica de Cristal, al ver la sinceridad y el dolor en sus ojos, supo que no podía seguir aferrándose a ese rencor.

Su luna le pedía abandonar el enojo, no había más discusión. Obedecería su mandato.

— Lo haré, mi luna — respondió Acua, dejando escapar una sonrisa alegre. — El castigo ha terminado —.

Dicho esto, tomó una manzana de la mesa. Cristal, al ver que había logrado que a una, dirigió su mirada hacia Lynn y dijo con suavidad:

— También deseo lo mismo para ti —.

Al escucharla, Lynn negó de inmediato con la cabeza. Y viendo su firme convicción de no ceder dijo:

— Tou es tu pareja, Lynn. Él cometió un error, en algún … —.

— ¡¿Error?! — la interrumpió Lynn con desdén.

Su furia fue tal que golpeó la mesa frente a ella y sus ojos se oscurecieron.

— ¡Tou no cometió ningún error. Sus actos fueron una traición… Traicionó a la manada, a ti… a todos nosotros! ¡Eso no fue un error! —.

El golpe había hecho rodar las frutas que estaban sobre la superficie, esparciéndolas por todo el lugar. Bastaron unos segundos para que Lynn controlara a Baiqi y se percatara de lo que había hecho y de lo impulsiva que había sido.

No obstante su reacción se debió a la bondad de Cristal, además su pedido parecía que ella, ¿estaba perdonando a Tou?

Tenía que hacerla comprender que las acciones de su pareja no podían borrarse tan fácilmente.

Lynn, consciente de su falta, inclinó su cabeza, sus hombros descendieron con un suspiro tembloroso y dijo:

— Me disculpo por mi actuar… —

Aquello no eran sus dominios, y hablarle de esa manera a luna de esta parte del territorio era considerado una ofensa. 

— ¡No es necesario! — la interrumpió de inmediato Cristal. 

No iba a negar que su fuerte actitud en ese momento la sorprendió. Sin embargo, podía comprender su dolor, pero sus palabras eran sinceras: Cristal deseaba que Lynn regresara junto a su pareja. Sabía que sus acciones no debían tomarse a la ligera; ella misma aún sentía cierto rencor. No obstante, también comprendía que Tou jamás pensó que todo se saldría de control, ni que tantos saldrían heridos por sus decisiones.

— Vuelve a sentarte — indicó Cristal con suavidad, observándola aún inclinada ante ella.

Al ver que Lynn no levantaba la cabeza, Cristal se puso de pie y se acercó. Todavía no se sentía alguien importante; para sí misma seguía siendo una persona común, pero ahora todos la trataban con respeto.

Que Lynn se inclinara ante ella era algo que aún le costaba asimilar.

Acua, que se encontraba a su lado, la detuvo con una mano. Cristal la miró y la vio, con una leve inclinación de cabeza y una sonrisa tranquila, le indicaba que aceptara la disculpa de Lynn. Era un gesto propio entre lunas, una manera silenciosa de mostrar comprensión. 

Siguiendo su ejemplo, Cristal repitió el gesto con suavidad, dejando en claro que no guardaba rencor.

— Mi luna, usted todavía no comprende la gravedad de las acciones del alfa Tou — dijo Acua con firmeza. — Nuestras leyes son claras, dictadas por la Diosa Lunar. Lo que él hizo es intolerable, inolvidable… e imperdonable —.

Lynn, quien había vuelto a sentarse, se encogió de hombros y cerró los ojos antes de hablar con voz tensa:

— Él te engañó para que rechazaras a tu pareja — murmuró, su voz quebrada por el sufrimiento. — El rechazo va en contra de nuestras leyes, porque destruye el vínculo sagrado que la Diosa Lunar misma nos otorga. Es una ofensa directa hacia ella… —.

— Además, la sujetó por el cuello y se atrevió a lastimarla. Según nuestras leyes, eso es considerado una amenaza de muerte directa contra una luna.  — explicó Acua. — Y su falta es aún más grave porque, desde el momento en que llegó a este territorio, pasó a formar parte de esta manada. Al poner sus manos sobre usted, atentó contra su vida.  —.

Cristal escuchaba en silencio, intentando comprender. Su mundo humano era tan distinto; para ella, sujetar a alguien por el cuello y lastimarlo también estaba mal… pero no alcanzaba la magnitud de gravedad que ellos le daban.

— Esa fue la razón por la que el alfa se perdió en sí mismo — explicó Acua. — Tal vez pudo haber estado enojado porque Tou la engañó y la convenció de rechazarlo… pero al verla amenazada de muerte y herida de esa forma… ahí fue donde su ira lo consumió y todo cambió —.

Cristal reflexionó en silencio. Recordaba claramente que, en el momento en que Tou la sujetó por el cuello, la hostilidad de toda la manada se desató.

Tras unos segundos de silencio, Cristal murmuró con incertidumbre:

— No logro entender… qué lo impulsó a actuar así — dijo encogiéndose de hombros, con el rostro lleno de confusión.

— Fue por mí — respondió Lynn de inmediato.

La rápida respuesta hizo que Cristal la mirara con sorpresa. 

¿Acaso Lynn también había querido hacerle daño…?

— Yo… — comenzó Lynn a explicar su doloroso pasado. — Hace siglos, estaba por ser marcada por otro. Teníamos varias lunas juntos… (varios meses). En la manada de la que provengo, si no encuentras a tu compañero predestinado, te asignan uno —.

— ¿Te eligieron uno? — preguntó Cristal, interrumpiendola.

Lynn asintió.

— Yao y yo crecimos y entrenamos juntos. Al llegar a la edad adulta, él al igual que yo no encontramos nuestros compañeros, él alfa viendo que éramos muy cercanos nos ordenó emparejarnos y aceptamos. Pero debíamos esperar para que me marcara hasta el siguiente eclipse lunar; que es una costumbre en mi manada —.

Cristal escuchaba; no tenía idea de que Lynn había tenido una pareja que no fuera su compañero predestinado.

Permaneció en silencio, absorbiendo cada palabra.

— Faltando poco para el eclipse, la llegada de uno de los alfas de una prestigiosa manada hizo que nos reuniéramos para mostrar nuestros respetos. Pero… —.

Lynn se detuvo, soltando un suspiro de dolor y desviando la mirada al recordar aquel momento, antes de continuar:

— Mientras los veíamos venir. Incliné mi cabeza en señal de respeto, y de pronto… hubo un completo silencio —.

Sus labios comenzaron a temblar; ese fue el instante en que todo cambió para ella.

— Sabía que ese silencio significaba algo, pero no lo supe hasta que escuché decir “Mío”. Al alzar la vista, estaba Tou frente a mí — dijo esto recordando ver ese anhelo en sus ojos por haberla encontrado y al mismo tiempo ver como ese anhelo se esfumaba. — Al verlo percibí su olor distintivo. Mi loba gritó que él era mi pareja… pero al mismo tiempo todo se complicó, porque Yao… —.

El silencio se volvió apoderar de Lynn, Cristal creyendo que se trataba por el hecho que tuviera una pareja antes, preguntó con suavidad al notar lo difícil que era para ella explicarse.

— ¿Es algo malo haber tenido una pareja antes de conocer a tu predestinado? —.

— Si solo se busca satisfacer una necesidad física, es posible… pero no deben involucrarse sentimientos — respondió Acua. — Sin embargo, hay manadas que, para aumentar su número, obligan a sus miembros a emparejarse entre ellos, ignorando las leyes dictadas por la Diosa Lunar —.

— Yo se que Tou… siempre quiso rechazarme… — confesó Lynn con voz apagada, mientras unas lágrimas se deslizaban por sus mejillas.

— No pienses eso, Lynn — dijo Cristal con tono consolador. — Yo sé que tú eres muy importante para él —.

— Él solo me marcó po-porque yo no había sido marcada — susurró Lynn, con amargura. — Él nunca lo dijo abiertamente, pero sé que deseaba rechazarme desde el momento en que supo que estaba emparejada —.

— Pero… no entiendo — intervino Cristal con incertidumbre. — ¿Por qué eso es tan grave? ¿Acaso no dijiste que podían estar con alguien más antes de encontrar a su predestinado? —.

— Mi luna — explicó Acua, retomando la palabra. — La luna Lynn ya estaba emparejada en el sentido íntimo; al aceptar marcarse, dejaba en claro que entre ella y Yao ya había sentimientos… cosa que nuestras leyes prohíben, salvo en caso de que las parejas de ambos hayan fallecido. Y, al ser la pareja predestinada de un alfa, esa situación es aún más delicada: indicaba que estaba dispuesta a rechazar a un alfa y renunciar a ser luna cuando lo encontrara —.

Cristal abrió mucho los ojos ante la explicación de Acua.

— Cuando una loba es marcada, aunque no sea por su predestinado, se crea una unión de almas con él. Ese vínculo provoca cambios en nuestro cuerpo: aparece el primer celo e indica que ella está dispuesta a tener hijos —.

— ¿Y eso es malo? — preguntó Cristal, comprendiendo la explicación pero ignorando lo que Acua había dicho sobre el primer celo.

— Sí — respondió ella sin rodeos. — Se suele rechazar a ambas partes que han tenido hijos con otros, pues ya están marcadas y romper ese vínculo sagrado no es bien visto. Si se trata de que encontró a su predestinado, el rechazo es posible, pero muchos prefieren apartarlos sean hembras o machos por igual. Por eso es importante esperar al compañero destinado. En caso de no encontrarlo, debe confirmarse que su pareja ha fallecido antes de formar un nuevo vínculo —.

Acua explicó con el mayor cuidado posible, esforzándose por ser lo más elocuente para que Cristal pudiera entenderla y supo que lo había logrado al ver su rostro con una mezcla de confusión y comprensión.

— En el caso de Lynn, no sé comprobó que su pareja hubiera muerto y, al tratarse de un alfa, de unas de las prestigiosas manadas, se considera una ofensa grave. No solo ella, sino también su alfa, quebrantaron la ley —.

Cristal parpadeó varias veces con incertidumbre. Su mente no se enfocaba en Lynn, sino en las implicaciones que aquello tenía para ella.

"¿Por qué Kogan y Rax no me rechazaron al encontrarme?", pensó.

Según lo que Acua explicó, tener hijos era casi lo mismo que haberse dejado marcar por otro… 

¿Entonces por qué ellos no lo hicieron?

Acua y Lynn notaron el repentino silencio de Cristal. Sabían que no era ingenua: había entendido perfectamente lo que se le acababa de explicar.

— Y… ¿por qué yo…? — su voz salió entrecortada, intentando formular una pregunta.

— Eres humana — interrumpió Lynn. — Es cierto que tienes hijos, pero en tu cuello no había ninguna marca, no hay ningún vínculo. Ustedes son diferentes a nosotros y no conocen nuestras costumbres… pero yo… yo sí las conocía. Y aun así… —.

Ella volvió a guardar silencio. Ciertamente, Cristal tenía hijos y, a pesar de ser humana, Kogan y Rax no la rechazaron. Al no tener una marca, pero aun así se podía percibir como si estuviera emparejada.

Lynn mordió sus labios con fuerza, en parte por lo celos que le provocaba que el futuro rey alfa hubiera aceptado a compañera cuando tenía la excusa perfecta para rechazarla, demostrando así su gran devoción a la Diosa Lunar al aceptarla con sus hijos. Además ella desearía poder retroceder el tiempo y jamás haber aceptado a Yao.

— Yo no merezco ser luna… soy la peor de todas — dijo con voz quebrada.

Lynn sabía que esa había sido la raíz de las acciones de Tou. Durante siglos, junto a él, se había sentido como un miembro más de la manada, no como su luna. Jamás se había atrevido a contradecirlo, acatando sus órdenes sin protestar, porque en el fondo se sentía indigna de estar a su lado. No negaba que al encontrarlo ella y su loba Baiqi se llenaron de felicidad… pero esa felicidad fue reemplazada rápidamente por miedo y culpa.

Cristal, al ver a Lynn derramar lágrimas, se acercó y dijo suavemente:

— No pienses así — murmuró mientras se arrodillaba frente a ella, tomando sus manos y levantando el rostro para mirarla a los ojos.

Lynn abrió los ojos de golpe. Nuevamente, Cristal no comprendía el significado de sus gestos: la futura Reina Luna estaba arrodillada ante ella… un acto que simbolizaba sumisión.

— No eres la peor — añadió Cristal. — Si vamos a hablar de quién es la peor luna… esa sería yo —.

Acua, que observaba en silencio, se sorprendió ante esta declaración. Entendió que Cristal intentaba no hacer sentir indigna a Lynn y que, al considerarse a sí misma la peor luna por tener hijos, le aliviaba parte del peso de su culpa.

En la mirada de Lynn notó una mezcla de temor y confusión. Ella en ese instante sonrió, comprendiendo porque había dicho esas palabras.

— Quiero que sepas que yo no le guardo ningún rencor hacia Tou. Lo que hizo fue un error — continuó Cristal con sinceridad. — Al igual que Kogan y Roland, él actuó llevado por la ira o él resentimiento. No comprendo del todo sus leyes ni su significado por completo, pero sí puedo decirte con toda honestidad que sé que él está arrepentido de lo que hizo… y que ha comprendido lo importante que eres en su vida —.

El semblante de Lynn volvió a cambiar, quedando sin palabras. No podía creer lo que escuchaba: Cristal no sentía odio hacia Tou… y no comprendía por qué.

Ciertamente Cristal estaba enojada. Pero al recordar aquel sueño, comprendió que, aunque se había cometido un acto terrible, aquella voz le había dicho con claridad:

"Los errores nos hacen crecer".

No tenía dudas de que Tou estaba arrepentido. Además, recordó otra frase que esa voz le había revelado:

"Era necesario que esto sucediera para que comenzara a controlar su gran poder".

Todavía no entendía del todo aquellas palabras:

“¿Por qué era necesario que esto ocurriera? ¿Y por qué su pareja debía aprender a controlar su poder?”.

Cristal no lo sabía, pues desconocía las constantes guerras territoriales que asolaban el mundo de los licántropos, guerras que nunca cesaban y sobre los constantes movimientos en la frontera.

— Gracias — murmuró Lynn, sujetando sus manos haciendo que ella se levantará.

El agradecimiento de Lynn la sacó de sus pensamientos. Cristal sonrió, con la esperanza de que expresar sus deseos ayudará a aliviar la tormenta que la atormentaba.

Mientras volvía a su asiento, Acua acomodaba las frutas que habían quedado dispersas en la mesa. El silencio volvió a apoderarse del ambiente. Lynn, por su parte, pensaba en su conversación reciente, en Tou y en Yao… haciendo que una lágrima se deslizará por su mejilla.

No pasaron más que unos minutos antes de que el semblante de Cristal se ensombreciera al recordar cómo Rax la evitaba.

— Mi luna, no esté triste — dijo Acua, al ver que sus facciones se quebraban y que sus ojos volvían a humedecerse. — Busquemos otro método para que el alfa Rax la escuche —.

— Solo quítate la ropa; no podrá resistirse — recomendó Lynn sin rodeos limpiando sus lágrimas sin que Cristal lo notará.

— Lo hice — respondió ella, con frustración. — Lo intenté… pensé que todo iba bien, hasta que, de pronto, me ordenó que durmiera —.

— ¿En serio? — preguntó Lynn, incrédula. — Rax debe sentirse muy culpable para no querer follarte. Todos los machos ceden ante sus parejas —.

— Hay otra manera para que el alfa la escuche — intervino Acua.

Cristal giró hacia ella con rapidez.

 — ¡¿Cuál es?! — exclama, ansiosa.

Acua sonrió antes de comenzar a explicarle. Cristal escuchó atentamente su propuesta.

— ¿Está segura de que funcionará? — preguntó.

— Por supuesto, mi luna — respondió Acua. — Puede confiar en mí. Recuerde que nuestras palabras son absolutas; estoy segura de que la escuchará y yo voy a ayudarla —.

La idea de Acua podría funcionar. Sin decir nada, y con la esperanza reflejada en su rostro, Cristal se retiró.

Al instante de quedar solas, las lágrimas que Lynn había contenido comenzaron a deslizarse por su piel. Esta vez, Acua se acercó para consolarla, posando la mano en su hombro.

— ¿Por qué no lo mencionaste? — preguntó, tras un minuto de silencio.

— A Cristal todavía le falta comprender muchas de nuestras leyes — respondió Lynn, secando sus lágrimas al recordar aquel día. — Cómo crees que hubiera reaccionado, si le hubiera dicho que Tou mató a Yao —.

— Tiene razón — afirmó Acua. — Se habría aterrorizado al saber que matar es algo normal en nuestro mundo para defender nuestras tierras, nuestra manada, nuestra ganeia, a nosotros mismos y, a quienes se emparejaron con sus parejas predestinadas —.

 — En algún momento lo sabrá, pero todavía no es adecuado decirle — agregó Lynn.

*** Un título vacío: Cuando dejan de dirigirse a un alfa por su rango, algo se ha roto. Por eso todos llaman a Tou por su nombre: ya no lo reconocen como líder; el respeto y la confianza hacia él se han quebrado de forma irrevocable. ***

___________________________________________________________________

A kilómetros de distancia de todo rastro de civilización, una imponente pared de roca se alzaba coronada por la cima de la montaña. Frente a ella, el beta Roland permanecía inmóvil, observando la oscura entrada de una caverna. Tras él, el paisaje cambiaba de forma abrupta, hundiéndose en la espesura del bosque.

Con los brazos cruzados y el ceño fruncido, su postura revelaba una molestia contenida. Ese lugar… todavía estaba allí. Oscuro, silencioso, con un peso que se sentía incluso desde el exterior.

Nadie deseaba cruzar ese umbral.

El eco de antiguos gritos aún lo perseguía, así como el recuerdo de sus múltiples golpes desesperados contra una barrera que nunca cedió.

De pronto, una ráfaga de viento sacudió los árboles a su espalda, arrastrando el aroma del bosque y anunciando su llegada. Roland giró la cabeza y lo vio acercarse. 

Rax, estaba con el rostro endurecido por un enojo feroz.

— ¡¿Por qué me haces venir aquí?! — bramó con desdén, y con la voz impregnada de furia. — ¡Este lugar debió haber desaparecido! ¡Debió ser enterrado y olvidado para siempre! —.

Sus puños se apretaban, sus colmillos expuestos en un gruñido; cada respiración era un golpe seco contra el aire. Era evidente que no quería estar allí.

— No te hubiera llamado si no fuera necesario — replicó Roland con voz grave, controlada, pero cargada de un dolor que no intentaba ocultar. — Créeme, a mí tampoco me gusta volver. Pero hay algo que debes ver —.

Dicho esto, Roland dio un paso y, con la agilidad propia de su raza, desapareció. La premura en sus movimientos dejaba claro que quería terminar rápido y largarse de allí.

Rax, con el ceño fruncido y sin deseos de seguirlo, giró para marcharse. Sin embargo, sabía que Roland no lo habría llamado sin una buena razón. Y, sobre todo:

¿Por qué ese lugar seguía en pie?

El lobo apretó con fuerza los puños, tanto que sus garras se enterraron en su piel, arrancándole sangre. Exhaló con fuerza, volvió a inhalar conteniendo el aire en sus pulmones y, mientras giraba, desapareció con su agilidad hacia la caverna.

En cuestión de segundos, Rax estaba frente a Roland, quien permanecía junto al acceso del lugar donde, tiempo atrás, él mismo había causado un terrible sufrimiento a su luna. 

Él permaneció mirando a su amigo.

En los ojos del lobo se reflejaba un dolor profundo; no quería volver, y rehuía mirar al interior. 

Roland lo comprendía: ni él mismo deseaba estar allí. Sin embargo, sabían que era necesario.

— Rax… esta es la razón por la cual este sitio no ha podido ser olvidado — dijo, señalando el enorme marcó.

Con él el rabillo del ojo miró hacia donde le señalaba. Entonces lo vio: un fragmento de la barrera sobresalía del marco de la entrada, intacto.

Se acercó lentamente, ignorando el interior del lugar así evitaba que los recuerdos los alcanzaran. Posó la mano sobre el fragmento lleno de incertidumbre. Él en su desesperación había destrozado esa barrera aquel día… pero nunca la hizo desaparecer.

— Por tu reacción, es evidente que no lo sabías — comentó Roland.

— No… — su voz salió baja y rota. — No lo sabía —.

— Esa barrera es la razón por la que este lugar no ha sido olvidado — dijo Roland. — Han pasado 3 lunas (3 meses) y sigue aquí, intacta. Me sorprendí cuando vine a comprobarlo —.

Rax desvió la mirada hacia el suelo rocoso detrás de Roland. Entre el desorden se amontonaban muebles rotos, el lugar polvoriento, y fragmentos desperdigados de la barrera. No lo había notado antes, quizá porque el gran orificio en la cúspide, junto con las aberturas que iluminaban el sendero dentro de la caverna, ya habían sido sellados o simplemente por ignorar todo el entorno.

Roland continuó:

— La barrera actúa como un ancla. Mientras exista, el lugar permanecerá —.

— Así es — confirmó.

Dicho esto y sin perder más tiempo, Rax inclinó la cabeza y sopló sobre el trozo de barrera que sobresalía. Al instante, la barrera comenzó a desintegrarse como ceniza llevada por el viento. La montaña sobre la caverna entera pareció gemir; el suelo tembló, piedras se desplomaron y la tierra comenzó a tragarse la caverna rápidamente.

Justo cuando iba a marcharse, sus ojos se detuvieron en una inmensa mancha oscura sobre el suelo rocoso, cerca donde se encontraba. Fue ahí, justo ahí donde vio a su luna, casi sin vida, el recuerdo se clavó en su pecho como una lanza. El temblor de la montaña se mezcló con el que inició a recorrer su cuerpo; no podía moverse, atrapado en aquel instante.

— Rax — lo llamó Roland, sacándolo del trance.

El alfa parpadeó, volvió a la realidad y se giró… Roland ya no estaba. Sin más, él también abandonó el lugar.

Fuera, varios miembros de la manada observaban cómo la entrada comenzaba a desaparecer. Entre los escombros, el beta emergió primero; segundos antes de que todo quedará sellado, el alfa apareció tambaleándose, dando unos pasos inciertos. cuando un estruendo sacudió el suelo y cerró la entrada. Una ráfaga de polvo se extiende varios metros, envolviéndolos a todos.

Cuando la nube de polvo comenzó a disiparse, vieron al alfa con las manos apoyadas en el suelo, el cuerpo entero sacudido por temblores. Exhaló con fuerza, como si liberara un peso insoportable. Roland lo comprendió: había contenido la respiración, pues el interior seguía impregnado con el penetrante olor de la sangre de su luna, un aroma que le quemaba el pecho y le desgarraba el alma.

Rax apoyó las rodillas en el suelo y elevó las manos, todavía sacudidas por un temblor que no lograba controlar.

Su respiración era agitada; cada inhalación y exhalación dejaba al descubierto su vulnerabilidad, mientras su cuerpo entero se estremecía y en su mirada se entrelaza dolor, temor y un remordimiento insoportable.

— Rax — llamó Roland, con preocupación, mientras se acercaba y posaba una mano firme sobre su hombro. — No puedes seguir así. —.

El alfa apartó la mano con brusquedad, se incorporó con dificultad y, aún tembloroso, comenzó a caminar tambaleándose hacia el espeso bosque.

— Tienes dos días sin verla, nuestra luna está sufriendo, ha estado llorando… ¿por qué te empeñas en evitarla? — insistió Roland.

— ¡CALLATE! — rugió Rax con gran ira, sin embargo lo que le indicó de su luna lo estremeció más y espetó. — ¡Nunca lo vas a comprender! —.

Sin más, el lobo echó a correr hasta desaparecer entre los árboles. Roland lo siguió con la mirada estaba por ir tras él, pero se detuvo.

Los miembros de la manada, que habían presenciado la escena, se le acercaron.

— Procuren que este lugar quede irreconocible — ordenó él.

— Roland… — lo llamó uno de ellos. — Nunca había visto al alfa comportarse así —.

— No podemos comprender del todo su sufrimiento — respondió él, girándose hacia todos. 

Sus miradas seguían fijas en la dirección por donde el alfa había desaparecido.

— Recuerden que nuestra luna murió. Su vínculo con él se rompió; dejó de sentir su alma junto a la suya. Cada vez que su corazón volvía a latir, sus esperanzas renacían… solo para destrozarse cuando ese latido se apagaba otra vez. Fue una tortura para él, y más aún al saber que había sido el causante de su estado. Tal vez nunca lo entendamos del todo, pero sí podemos aprender algo: incluso el alfa más fuerte puede sucumbir cuando carga con el peso del remordimiento y la culpa. —.

Dicho esto, todos retomaron sus labores en silencio. No solo el alfa había visto su alma destrozada por aquella noticia; la manada entera también cargaba con ese dolor. No obstante, todos comprendieron que su sufrimiento era aún mayor.

Roland sintió nuevamente el impulso de seguirlo, de alcanzarlo, pero sabía que no había nada que pudiera hacer.

                                                                   Enciclopedia del autor

***La barrera: es una habilidad exclusiva de los alfas. Puede manifestarse de forma transparente o de un color negra, impidiendo la visión de su interior, según la voluntad de quien la invoca. También adoptar la forma que el alfa desee (Pero esto muchos lo desconocen). Aunque no posee aberturas, permite percibir lo que ocurre tanto en el interior como en el exterior, como si no existiera una separación real. Su aparición es un claro indicador de la fuerza del alfa. Muy pocos llegan a controlarla: algunos jamás lo consiguen y otros tardan siglos en dominarla. Hasta ahora, solo Kogan y Rax han sido capaces de hacerlo a una edad temprana a sus sesenta lunas (5 años)***

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