El imponente CEO de misteriosos ojos azules y fría mirada, alimentaba a su mellizo mientras observaba de vez en vez a su esposa, apenas habían vuelto a tener intimidad después de muchos meses de estar alejados y después por la salud de Adriana, que debía guardar estricto reposo, y se había ganado ya un castigo
El hombre, se acercó con su bebé en los brazos para hablar con el niño que la madre alimentaba
— Dominic, pimpollo, dile a mamá, que papi, no estaba hablando en serio, dile que papá