DOS MESES DESPUÉS
— ¡Puje señora Lombardi, ya la niña está por nacer, solo un poco más!
— ¡eso tiene diciéndome desde hace mucho tiempo, y yo ya no aguanto más, ya estoy muy cansada y me duele muchísimo, ya no quiero dar a luz! ¡Póngame algo para el dolor porque me voy a casa! — Gritaba Adriana desde la cama de expulsión, el parto había resultado lento y doloroso, ella ya estaba exhausta
— ¡Señor Lombardi, ayudemos, ella no se puede ir a medio parto! Suplicaba el médico al ver qué la