337. La espera de un milagro
Leonardo
El mundo se oscureció.
Mi mente simplemente se detuvo cuando escuché esas palabras. Todo a mi alrededor desapareció, y lo único que quedó fue aquella frase del médico martillándome los oídos.
"Lo siento."
El pecho me estalló de desesperación. Las piernas me flaquearon, la garganta me ardía, y respiraba de forma tan errática que sentí que los pulmones iban a ceder.
No.
Dios, no.
No puede ser.
Tenía la mirada fija en el médico, pero no veía nada. Solo vacío. Todo dentro de mí gritaba, su