225. Venganza
Peter
Entré en mi despacho dando un portazo, la puerta golpeando contra la pared. El estruendo resonó en el espacio vacío, pero no fue suficiente para aliviar la furia que me quemaba por dentro. El pecho me subía y bajaba mientras intentaba asimilar lo que Owen acababa de hacer. La traición. El descaro.
Ese hijo de puta me había dejado sin salida.
Me pasé las manos por el pelo, tirando de él con fuerza, mientras la cabeza me daba vueltas en un torbellino de rabia y desesperación. La venta de la