193. Mi ruina
Martina
La sala estaba sumida en un silencio denso, interrumpido apenas por el murmullo apagado del televisor, donde la conferencia de prensa de Leonardo se desarrollaba ante mis ojos. Observaba cada gesto, cada movimiento, cada palabra pronunciada con esa voz firme y controlada que siempre había sido suya.
Entonces lo dijo.
“Sellé un pacto de vida con Amber.”
El impacto de esas palabras fue como un puñetazo en el estómago. El pecho se me contrajo y, por un instante, perdí por completo la capacidad de respirar. Todo a mi alrededor pareció deformarse, como si mi mundo estuviera a punto de desmoronarse bajo mis pies.
Mis dedos temblaron al cerrarse alrededor de un jarrón de porcelana sobre la mesa. Sin pensar, sin dudar, lo lancé con fuerza contra el televisor.
El estruendo fue brutal.
Fragmentos de vidrio y cerámica se esparcieron por el suelo mientras la pantalla parpadeaba y se apagaba en un cortocircuito seco.
Pero ni siquiera eso logró aliviar el dolor creciente dentro de mí.
Lo ha