187. Después de que se apagan las luces
Amber
La habitación estaba sumida en la penumbra, iluminada apenas por la lámpara de la mesilla. El silencio de la noche envolvía el ambiente, interrumpido solo por el sonido de la respiración tranquila de los gemelos a mi lado.
Parpadeé un par de veces, intentando ubicarme y asegurarme de que todo estaba bien, y entonces lo vi.
Leonardo estaba sentado en el suelo, apoyado contra la pared, la cabeza ladeada, profundamente dormido. Su cuerpo permanecía tenso, como si ni siquiera en sueños lograra relajarse.
El pecho se me encogió.
Estaba agotado.
Sabía que no era solo yo quien cargaba con el peso de todo aquello.
Por más enfadada que siguiera, verlo allí, solo, vulnerable, me rompió el corazón.
Me levanté de la cama con cuidado, asegurándome de que Bella y Louis continuaban durmiendo tranquilos, y caminé hasta él. Me arrodillé frente a su cuerpo dormido y acaricié su rostro con suavidad.
“Leonardo”, murmuré.
Se movió apenas, frunciendo el ceño antes de abrir los ojos. Su mirada estuvo