165. Hipótesis
Amber
Leonardo estaba furioso. El golpe seco de la puerta al cerrarse seguía resonando en mi cabeza mientras él caminaba de un lado a otro del salón, los músculos tensos y la expresión oscura. Lo observé unos segundos antes de acercarme, midiendo cada palabra que pudiera abrirse paso entre el caos de su mente.
“Leo”, lo llamé con suavidad, apoyando la mano en su brazo para frenar su andar incesante. “Siéntate conmigo. Pensemos esto con calma.”
Bufó, pero se dejó guiar hasta el sofá del rincón.