166. Un encuentro
Magnus
Estaba sentado en el sofá de mi sala, sosteniendo el informe técnico que acababa de llegar. El anillo descansaba sobre la mesa de centro, brillando bajo la luz de la lámpara como si no fuera más que eso: una joya común. Y, según el dictamen técnico, eso era exactamente.
“No hay dispositivos de escucha, chips ni ningún tipo de tecnología oculta”, decía el informe. “Anillo elaborado en oro blanco con una pequeña piedra de zafiro genuino”.
Me pasé la mano por el rostro, irritado. Algo dentro de mí decía que no podía ser tan simple. Martina Ricci no hacía nada sin un motivo. Que hubiera dejado el anillo en la oficina de Leonardo podía ser un descuido… o una jugada más elaborada que aún no lograba ver.
El timbre interrumpió mi hilo de pensamientos. Me levanté y crucé la sala con pasos lentos, todavía absorto. Al abrir la puerta, allí estaba Gabriela, con esa sonrisa despreocupada capaz de iluminar cualquier ambiente.
“Tienes cara de haber olvidado por completo nuestro compromiso de