137. De vuelta a su lugar
Amber
Entrar en la empresa era como sumergirse en un océano desconocido, pero con ecos familiares de fondo. En cuanto cruzamos la puerta principal, sentí la necesidad de soltar la mano de Leonardo; un gesto inevitable para guardar las apariencias, aunque dejó un vacío inmediato. Mis ojos captaban los rostros que se giraban hacia nosotros, las cejas alzadas, los susurros que ni siquiera intentaban ser discretos.
«¿Es ella?» «Escuché que…» «Volvió de verdad… quién lo diría».
«Bienvenida de nuevo,