110. Una petición
Leonardo
El silencio en el coche solo se rompía por el sonido de nuestras respiraciones. El espacio reducido parecía amplificar cada pequeño movimiento, cada emoción. Me incliné hacia Amber; mi corazón latía con fuerza contra el pecho, pero mantuve la expresión serena. Sus ojos verdes se clavaban en los míos, intensos, buscando respuestas que ya no estaba dispuesto a ocultar.
Cuando se mordió el labio inferior (ese gesto que parecía diseñado para desarmarme), no pude resistir. Mi pulgar rozó su