100. Decidiendo el futuro
Leonardo
El cuarto estaba sumido en un silencio pesado, como si hasta el aire se hubiera detenido, cargado por el peso de las palabras no dichas. Esperaba, ajustando las almohadas a mi espalda para aliviar el dolor en el hombro. Cuando oí pasos suaves en el pasillo, mi corazón se aceleró. No por el dolor físico, sino por la incertidumbre de lo que estaba a punto de suceder.
Amber entró, dubitativa. Sus ojos estaban rojos, probablemente de llorar, y sus dedos jugaban nerviosamente con el borde d