89. Hacemos galletas.
Entonces la futura reina ya no lo dudó, cualquier malentendido qué hubiera sucedido entre ella y la reina madre era del pasado, no iba a guardarle rencor a una mujer que trataba con ese amor a sus hijos.
Uno de los pequeños levantó la vista y sus ojos se abrieron muy grandes al darse cuenta quien los observaba desde la puerta, su cara era realmente de sorpresa, porque tras los ojos también se abrió su boca, aunque fue incapaz de hablar hasta después de un par de segundos.
— ¡Mami!— Gritó el peq