94. Es la hora…
Maryam y sus hijos comieron entre risas hasta que Padme entro a la habitación para saludarlos.
—¡Abuela! —Los pequeños casi saltaron para ir al encuentro de la mujer quien los recibió con besos y sonrisas.
— Papá nos envió un gran desayuno — aseguró un niño.
— Y flores para mamá — dijo otra niña.
— Ya lo veo, comer todo lo que queráis, pero no tardéis, ya llegaron los estilistas para ponernos a todos guapos — explicó la mujer.
Maryam estaba muy feliz, pero no podía evitar pensar en quienes ya n