87. Yo solo te quiero a ti.
Escucharla, decir que era suya era lo último que le faltaba al monarca para perder completamente el control de sus actos y ser incapaz de gestionar todo eso que parecía poseerlo y dirigirlo a querer tomar todo de ella, a consumirla en sus brazos y dejarse consumir también.
Sentirla retorciéndose bajo su cuerpo hacía que la fuerza de sus empujes se incrementara
en busca de sofocar la exigencia muda que el otro cuerpo le imponía, necesitado de arrancar más de esos gemidos que eran la mejor música