11. Yo no hice nada.
Los grilletes apretaban demasiado sus muñecas y Maryam tenía la piel tan delicada que estaba segura de que le estaban haciendo herida. Eran pesados, fríos y dolorosos, a pesar de intentar ser fuerte, no podía evitar llorar en la parte trasera del coche del carruaje en el que los guardias la trasladaban mientras era llevada hasta los calabozos como si fuera una delincuente.
¿Cómo había sucedido aquello? ¿Por qué estaba siendo tratada como una asesina sin ninguna prueba más que la acusación de la