Aquella noche, mientras ambos se encontraban en la cama, el móvil de Adriano comenzó a sonar con insistencia.
Somnoliento, se incorporó en la cama y tomó su móvil.
—¿Quién es? —preguntó Gianina en un bostezo.
—No lo sé —respondió Adriano y, acto seguido, respondió—. ¿Hola? —Escuchó atentamente—. ¿Qué? No, obviamente no. No daré declaraciones sobre falsos testimonios sobre mi persona. —Silencio—. ¡Ya dije que no! —exclamó, exaltado y cortó la comunicación.
—¿Qué pasó? —le preguntó Gianina, incor