Adriano frunció el ceño, visiblemente molesto con todo lo que acababa de escuchar.
—Jamás hubiera imaginado que esa mujer podía ser tan envidiosa y venenosa. Pero no te preocupes, Gianina, sé que tú no eres lo que dices, sino todo lo contrario, y te ayudaré a manejarlo. Nos aseguraremos de que esas mentiras no se propaguen más. Como te dije, ya he hablado con unos cuantos contactos que están dispuestos a influenciar en los que se publique a partir de ahora. Además, deberías considerar tomar acc