La habitación estaba envuelta en sombras suaves mientras Gianina y Adriano subían las escaleras, movidos por una urgencia compartida que hacía que el tiempo se distorsionara. El peso de los últimos meses, las heridas y las distancias entre ellos parecían desvanecerse con cada paso que daban, sustituidos por algo mucho más intenso, algo que había estado latente todo ese tiempo.
Adriano y Gianina llegaron a la habitación como si sus cuerpos hubieran estado en una coreografía invisible. Cada beso,