El primer día de clases de nuestro sexto semestre, fue, como describirlo. Cómo un balde de agua fría.
Todos habíamos llegamos temprano y nos extrañó que ya estaba a punto de iniciar la primera clase y Anabel no se había presentado.
Cuando la vimos llegar, casi ni la reconocimos, estaba algo delgada y demacrada. Su ropa, bueno, parecía haberse puesto lo primero que consiguió, sin importarle en absoluto el aspecto. Su cabello amarrado en una cola simple, obviamente sin peinar, podría describirse