No fue fácil, no sabía qué decirle. ¿Qué podía hacer o decir para hacerla sentir mejor?. No tenía ni idea.
— Es horrible, Leo. No sabes cuánto duele. — El llanto sonó con más intensidad. La halé hacia mí, recostó su rostro en mi pecho. Podía sentir como se estremecía. — Tenias razón, siempre tuviste razón.
— ¿En qué?.
— Es mejor no enamorarse, ser como tú. El amor apesta y duele, es horrible. — Se agarró con fuerza de mi franela, sus manos temblaban y sus lágrimas no cesaban ni por un instante