13 de Julio de 1815, Londres
Esa mañana se sentía devastado, su cuerpo se sentía frágil y tenía los sentimientos a flor de piel, no había podido dormir como Dios manda la noche anterior con tantos pensamientos dentro de su cabeza, la cual parecía que iba a explotar en cualquier momento. Por otra parte, John había vuelto a tener fiebres, por lo que tuvo que cuidar de él durante la madrugada, cubriéndolo con paños de agua y manteniendo la estancia a una temperatura adecuada, cerró las cortinas y