ANASTASIA
En la oscuridad solo una lámpara ilumina la habitación dejando que las sombras intenten jugar con mi mente, que ahora yace inquietantemente tranquila.
Benjamín permanece dormido a un lado de la cama mientras que el abuelo descansa en el sofá de la alcoba, después de negarse a dejarnos solos tras mi conmoción con Dionicio.
No lo culpó por preocuparse si yo misma estaba más que histérica por las revelaciones, y peor aún por el hecho de que no importa donde huya la cuerda que me ata a