DEMIAN
Todavía con el olor a plomo y sangré sobre mi piel que ni siquiera bajo el agua desaparece, el sadismo de mis actos pareciera que se me impregna como una peste.
Pasó mis dedos sobre los cabello mojado que cae en mi cara con una clara frustración, que no se explicar, solo sé que crece cada vez que recuerdo a esa cría que yace bajo mi mismo techo. La misma que me vio en la más cruda realidad de lo que soy.
¿Y es qué por qué tuvo que aparecer en ese preciso momento?
No quiero asustarla de