CAPÍTULO 30
Se había ido de su vida para siempre, con el rostro lleno de profunda tristeza, volvió su atención hacia las dos personas que en otro tiempo significaron todo para ella. Nick comprendió la tensión de ella y la acostó con suavidad en la almohada.
—¡Elizabeth, mi amor… pensábamos que te habíamos perdido para siempre! —su madre acarició su cabello, retirándolo de la frente—. ¿Qué te sucedió? Parece que te hubiera tragado la tierra.
—Lo sé, madre. Cuando llegué al lugar acordado, Sydne