Capítulo ochenta y cinco: Una declaración por sorpresa.
Cuando llegamos a casa, solo tenía deseos de encerrarme en mi habitación y no hablar con nadie, estaba enojada; dolida, cansada de toda esta situación.
Antes de entrar en la habitación, mire a Steven por última vez,
— Hasta mañana, que descanses— me despedí de él, pero cuando iba a cerrar la puerta, él me detuvo acercándose a mí, esta actitud repentina me sorprendió,
— Necesito decirte algo, sé que no está en tus planes; que no es el momento, pero quiero que sepas que me he enamorado de t