Capítulo ciento sesenta y cuatro: Dos años después.
Estoy en el cementerio, frente a la tumba de mi abuelo,
—Hola, querido abuelo, perdóname por no haber venido en tanto tiempo— me arrodillo frente a el, dejando las flores en frente a su foto,
—Ahí tantas cosas que quiero contarte— comienzo con una charla íntima solo él y yo.
“Abuelo, por fin pude ser feliz, ya han pasado dos años desde que la policía toco mi puerta para confirmarme que ella había sido encontrada muerta, pude vivir en paz cuando todos ellos pagaron por sus delitos, lo sé; lo