Capítulo ciento sesenta y tres: Rebecca.
(En el hospital)
Fernanda aún sigue dormida. Aguantó tantos días en tan mala situación, que no puedo evitar sentirme culpable por no haber llegado antes. Nuestra hija tuvo suerte; la protección de su madre y su tío evitaron que muriera de frío.
Cuando la enfermera me la entrega cada parte de mi ser tiembla, las lágrimas oprimen mi pecho mientras la pequeña se acurruca en mis brazos disfrutando de mi calor, mirándola es como ver el pequeño calco de la mujer que amo, sus labios; sus ojos, su n