Capítulo ciento cincuenta y tres: El amor llama.
Miro a mi preciada hija, totalmente dormida, con varios circuitos en su mano; me siento tan mal de haberle sugerido que hiciera un curso tan difícil, tanto que; en su situación, podría llevarla a la muerte.
Juré protegerla desde que llegó a mi inconsciente, que verla así, me transporta a ese pasado donde la angustia y tristeza eran el tan pesado plato de cada día. En este momento no era solo mi niña, las lágrimas salían del interior de mi alma, también mi tan deseada nieta corría peligro, me s