Capítulo ciento cincuenta y dos: Su padre lo niega.
Cuando el efecto del calmante terminó; me levanté del sofá, notando a Jesua sentado alado de la ventana; fumando.
—¿Cómo te encuentras, hermano? — me pregunta y yo solo suspiro sonando mis hombros,
—No lo sé. Pero me iré a casa ahora— le digo caminando hacia la puerta,
—Si necesitas de nosotros solo dilo— me dice mientras voy saliendo y solo le hago una señal con la mano como agradecimiento.
Sin quererlo vuelvo a detener mis pasos en cuidados prematuros, suspiro y entro junto al bebé. Al