Capítulo ciento cincuenta y cuatro: Juntos de nuevo.
— Estoy aquí mi amor, prometo no irme nunca si me aceptas— me dice y las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos sin que pueda evitarlas.
Él pasa su mano por ellas, delicadamente; secándolas, para luego dejar un sutil beso en mi frente,
— ¿Por qué no me lo dijiste, princesa? — me preguntó y entre murmullos le respondí lo mejor que pude,
— Por miedo, no quería angustiarte aún más. Ya tenías demasiado sobre ti, para ser culpable de un nuevo peso.
Él levantó mi rostro apenado, depositando