Capítulo dieciséis. De los celos al beso.
Britney se quedó mirando a su jefe como si a este le hubiera salido una cabeza extra.
—¿Perdone? — fue todo lo que que pudo decir.
—Estoy preocupado por usted, señorita Nichols. Hay que agradar a Stallin, pero no a costa de nadie — Owen apretó los labios —. Tenga cuidado con ese hombre.
—Puedo arreglármelas muy bien bajo mi propio juicio señor, gracias — dijo Britney con firmeza volviendo con el grupo.
La muchacha no había esperado que la trataran