Tomó una botella de vino de la mesa y se preparó para estrellarla contra la cabeza del hombre.
Pero cuando levantó el brazo, alguien la sujetó por la muñeca.
Un agarre firme, inmovilizándola por completo. La botella quedó suspendida en el aire.
Maya pensó que se trataba de un cómplice del trío e intentó forcejear. Se giró para ver quién la detenía… y se quedó paralizada.
Alexander.
¿Qué… qué hacía él allí?
De repente, una mezcla de shock y furia la invadió.
—¡Tú! ¿Por qué me tomas de la mano? ¡