Capítulo 59

Jamás imaginó que Alexander detendría la salida de un avión entero. Era como si todo estuviera bajo su control absoluto.

—Muy bien —dijo él.

Esas dos palabras hicieron temblar a Maya. Alexander la tomó por la muñeca y la atrajo hacia él.

—¡Duele! —se quejó Maya, luchando. La piel de su muñeca ardía bajo su agarre; sus huesos parecían a punto de romperse.

De pronto, Alexander abrió la puerta del sótano y la arrojó dentro.

—¡Argh!— Maya cayó de espaldas al suelo. Levantó la vista hacia él, aterra
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