Aun así, estar con los tres pequeños después de tanto tiempo la hacía inmensamente feliz. Sostener sus cuerpos suaves, sentir su calor y el leve aroma a leche que aún conservaban… todo eso calmaba de inmediato el vacío que llevaba dentro.
Sintiendo que lo estaban dejando de lado, Terry se acercó y tomó el brazo de Maya.
—Hermana mayor… yo también quiero un abrazo.
Maya soltó a los tres pequeños y miró a Terry.
Antes lo veía como a su hermanito menor. Pero ya no era tan simple.
Cuando era niño,