Maya volvió en sí y salió de la habitación.
—¿Cuándo te… despertaste? No lo sabía —murmuró.
Alexander la observaba en silencio.
Ese silencio era ensordecedor. La presión invisible que emanaba de él era sofocante.
Se sentía como asomarse al borde de un abismo.
Maya tragó saliva.
¿Qué le pasaba a ese hombre?
Había estado normal cuando dormían. Ni siquiera se enfadó cuando ella lo pateó…
Justo cuando estaba especulando, escuchó a Alexander hablar en voz baja:
—¿Te sientes bien?
Maya lo miró, confu