Las cosas que debían suceder, tarde o temprano ocurrirían. ¿No era eso lo que ella quería?
—¿Por qué me llamas?— preguntó Maya, con el rostro inexpresivo, fingiendo no sospechar nada.
—Maya, ¿estás libre estos días? Tu tía Hilda dijo que podrías volver a casa a comer. ¡Toda la familia te da la bienvenida!— la voz alegre de Sid sonó al otro lado. —Te fuiste tan rápido del banquete que casi no pudimos hablar—.
—Creo que no— respondió Maya con frialdad.
—Maya, de verdad espero que vengas a vivir c