Alexander se abrió paso entre la multitud. Vio que sacaban a varias personas, no una ni dos, sino más de la mitad de los pasajeros.
Siete u ocho personas fueron colocadas en la orilla.
No era Maya. Tampoco la señora Fine ni los niños.
El rescate avanzaba rápido. Quienes sabían nadar se habían salvado por sí mismos. A los que no, los sacaron del agua, y algunos que habían sufrido paro cardíaco mostraron signos vitales tras los esfuerzos del personal médico. Luego fueron trasladados de urgencia a