—¿Ya terminaste de charlar? —una voz profunda y autoritaria llegó desde el comedor.
Maya se sobresaltó.
¿Los había escuchado?
Cuando entró al comedor, se detuvo en la puerta y se encontró con los fríos ojos de Alexander, lo que la puso nerviosa al instante.
Alexander apartó la mirada y continuó desayunando en silencio.
Maya tomó sus cubiertos y comenzó a comer.
De vez en cuando lo miraba, pensando:
¿Dormir hasta tarde era una debilidad?
No… era peligroso.
Porque cualquiera que lo molestara ante