—Son solo vitaminas, ¿qué tanto miras? —murmuró Maya.
Pero antes de que terminara de hablar, vio cómo Alexander giraba la tapa para abrirla.
Contuvo la respiración, su mente se quedó en blanco y, nerviosa, cerró los ojos mientras se sujetaba el vientre.
—Ugh…
La mirada oscura de Alexander se profundizó. Dejó la botella sobre la mesa, se levantó y la tomó del brazo.
—¿Te duele?
—No, yo…. Iré al baño… —dijo Maya.
Se soltó y estaba por dirigirse al baño, pero al dar un paso, se detuvo, se giró y p