51. Ser Luna otra vez
Dayleen despertó con el sonido del viento silbando suavemente entre las cortinas de lino blanco. La luz era distinta en el reino del Aire, casi irreal. No había calor ni frío, solo una calma que parecía no pertenecerle.
La marca de Xavier aún ardía en su cuello. Una mordida que decía “eres mía”, pero no disipaba su confusión.
¿Qué hombre vivía en su corazón? Uno la destruyó, y el otro lo estaba reparando.
Annika tocó suavemente la puerta.
—¿Estás lista? Hay un rito esta mañana. La Sacerdotis