112. Ya no es el enemigo
Afortunadamente, el amanecer los encontró cabalgando entre los árboles cubiertos de escarcha, dejando atrás el resguardo de la cabaña y adentrándose en el sendero que los conduciría a la manada de Tierra.
El trayecto era menos gélido, pero el ambiente seguía tenso. Había algo extraño en el aire, como si la naturaleza estuviera… vigilándolos.
—¿Lo sienten? —preguntó Annika, girando la cabeza con lentitud.
—Sí —dijo Cassian, frunciendo el ceño—. El bosque… no está quieto. Se está moviendo.