113. Los bebés me duelen
El viento comenzó a cambiar cuando el grupo dejó atrás la frondosidad de la manada de Tierra. El aire, antes templado y húmedo, se volvió más seco y denso. El terreno comenzaba a inclinarse hacia la región donde debía estar la manada de Agua, pero algo no iba bien. No era solo el olor: era el silencio.
Un silencio antinatural.
—Esto está muy quieto —murmuró Xavier, alzando la mano para que el grupo redujera la marcha.
Cassian tensó la mandíbula. Sus sentidos como Alfa estaban alerta. Incluso