El sobre de papel grueso llegó por correo certificado a las nueve y cuarto de la mañana. Pati rompió el precinto de plástico con la uña del pulgar, de pie junto a la ventana de su despacho en la calle Serrano. Sacó la carta. Una sola página. Membretes de una fundación filantrópica de Ginebra. Tinta negra. Frases cortas.
Leyó la segunda línea. Sus dedos se quedaron rígidos sobre el papel. El frío del cristal de la ventana le golpeó la nuca. La ciudad seguía moviéndose abajo, los taxis, los peato